lunes, 22 de marzo de 2010

Breve



Hoy es un día en el que ando sensible y en el que siento una profunda pena. Tanto así, que hace un par de minutos, antes de ponerme a escribir, intenté dormir un rato para descansar y olvidar un poco. El resultado: no pegué ni pestaña.
Hace cuatro meses que partiste de aquí y cuando llega el 21 por la noche me invade la tristeza para hacerse presente el 22. Y confieso que dentro del mes a veces también. Pero es que los 22 me traen la imagen de tu despedida. Como sea agradezco haber tomado tu mano aún tibia antes de ir muy lejos de aquí.
Estaba pensando… más bien todo el día he pensado en algo que te dije creo que como en agosto del año pasado. Estábamos en un carrete, todos habíamos bebido sus buenas copas. La Cecy y yo andábamos “hipervetiladas” bailando hasta cueca. Tú conversabas con el chasca.
Pasaron las horas y decidiste quedarte. Ahí estaba el famoso colchón, ese que era para las visitas y obviamente, aunque no hubiéramos querido, dormimos juntos. Pero recuerdo que no fue eso lo pasó precisamente –no piense mal, lea primero-, nos quedamos conversando hasta que se hizo un largo silencio. Noté algo raro en ti. Te pregunté por qué no me contabas tus cosas y te dije que yo no estaba sólo para carretear y trabajar contigo. Te dije: “Eres mi amigo, por lo mismo, me importa lo que pase contigo”.
Pasó un rato, no me dijiste nada. A oscuras me di cuenta de que las lágrimas corrían por tus mejillas, mis manos a ciegas las secaron. Te dije que si te preguntaba qué te pasaba no era sólo porque fueras mi amigo, que además de eso –dicho textualmente-: “Es porque te quiero, y mucho”. Nunca medí, o tal vez no me dí cuenta del peso que depositaba en esas palabras ¿Sabes por qué?, porque desde que partiste me di cuenta de que todo lo que te dije es verdad y que te quiero mucho… mucho más de lo pensaba. Y hoy, así como yo sequé tus lágrimas, me gustaría que esta vez tú secaras las mías.

domingo, 14 de marzo de 2010

Soy donante



Creo que se me va a hacer costumbre esto de escribir sobre experiencias nuevas, como sea. Luego de la catástrofe natural que ocurrió en nuestro país quise hacerme presente de manera solidaria, como muchos chilenos lo han sido después del terremoto. No tenía dinero propio como para poder donar, en nombre de la familia obviamente lo hizo mi padre. Pero si tenía dos cosas que podía dar. Una: lo material y dos: algo que está dentro de mí.
Miré mi closet y quise ser honesta conmigo misma. En el lugar donde se cuelgan las cosas que se cuelgan, porque somos más delicadas o porque sencillamente no podían estar en un cajón, había una gran cantidad de parcas, chaquetas, ropa. En los cajones también. Entonces comencé a mirar esas prendas y pensé en que no tenía sentido tenerlas ahí, que era de pura mona porque jamás las iba a volver a usar, que había gente que en estos momentos realmente las necesitaba. Más aún teniendo en cuenta que pronto se viene el invierno y en e sur la cosa comienza antes. Así unas cuantas chaquetas y parcas, de buena marca y en muy buen estado las eché a lavar –la gente merece cosas dignas, siempre, más allá de la marca- y partieron rombo al sur junto con otras pilchas.
El día miércoles después del remezón estábamos viendo la TV con mi madre. En esos días sólo se mostraban noticias. Entonces salió un contacto en vivo donde se mostraba y además se pedía donación de sangre, dieron unos números de teléfono y los anoté en mi celular. Donar sangre es algo que siempre había pensado hacer y la emergencia me llevo a tomar una rápida decisión. Este era el momento.
Llamé a los teléfonos de contacto, me costó comunicarme hasta que un joven me contestó, me dijo: “Estamos llenos esta semana, pero te necesitamos la próxima. No es sólo para la gente que se hace diálisis. La semana que viene se van a realizar muchas operaciones…”. En ese momento lo detuve y le dije que era algo que había pensado y que por lo mismo contara conmigo. Dejé mis datos, números de contacto y a esperar. El viernes en la maña me llamaron. Quedé citada para el miércoles a las 11:15 am.
Llegó es día… Sigo, luego del gran apagón que afectó a medio Chile. Estaba un tanto nerviosa y no sé por qué salí como súper justa en la hora. Llegué unos diez minutos atrasada, pero en recepción no me dijeron nada. Una chica de lo más amorosa me dijo que no había problema, me pidió mi cédula de identidad y datos para contactarme. Eso para estar en contacto y seguir siendo donante o para comunicarte que tienes algina enfermedad que se transmita por la sangre.
Me hicieron pasar por una puerta donde una señorita me llamó con mi carnet en mano y una hoja para llevarme a la sala donde se realizan los cuestionarios privados. Me hizo tomar asiento frente a ella, muy simpática comenzó con las preguntas. Iban desde si tomaste algún remedio durante las últimas dos semanas, si tenías algún tipo de enfermedad, uso de drogas –admito que me reí cuando me preguntó di me había inyectado alguna droga. Con suerte he probado la marihuana me iba a andar inyectando, jeje-. Respecto a la marihuana le comenté que sí había consumido un par de veces, hasta en queque, pero que de eso ya había pasado como un año, u ocho meses a más reventar. Luego vienen las que tiene que ver con enfermedades de transmisión sexual y obvia respecto a la vida sexual. Confieso que es bastante intimidante hablar con una perfecta desconocida sobre lo que pasaba con mis calzones. Terminó y me dijo: “Ya, estás lista para donar, pasa por acá”.
Llegué a un mesón donde estaba un chico que me pinchó el dedo –antes de donar ya te pegan su pinchazo- para ver mi glicemia, determinar mi grupo de sangre y descartar si tenía anemia y no sé que más. Me mandaron en la misma sala al sector donde están las enfermeras y los sillones donde te acomodan. Entonces llegó una enfermera con la hojita y mis respuestas al cuestionario y mi carnet. Me saludó muy amorosa y me invitó a tomar asiento. Por cierto era uno muy cómodo. Me pidió que le pasara mi brazo izquierdo, puso un elástico bien apretado en la parte de arriba de mi brazo, casi lo asesinó, y comenzó a buscar mi vena. Mientras ella buscaba la bolsita en la que iba a quedar mi sangre y la aguja para pincharme. Era más grande de las que a uno le ponen cuando se hace exámenes de sangre, así que me asustó un poco y le dije que mejor miraba para el lado, ella me sonrío y asintió. Entonces sentí un pequeño pinchazo y al mirar mi brazo estaba lista, aunque me espanté un poco porque usualmente te introducen las tres cuartas partes de la aguja y esta que era toda gigantona estaba al tope en mi brazo. Quise llorar. No por dolor ni miedo, pero me impresionó un poco. Al comenzar a llenar esta bolsita ella reclinó el asiento y quedé casi acostada, bien relajada. Luego de eso haciéndole honor a mi profesión llené a la enfermera de preguntas. Toda buena respondió a todas ellas y con toda la buena onda me decía siempre tratamos de que sea una buena experiencia para que quieran volver, también les damos todas las facilidades. Si vuelves a venir yo misma te puedo atender si sientes que te gustó como te atendí, me dijo ella. Deben haber pasado unos veinte minutos cuando la máquina que balancea la sangre, para que no se coagule, paró y listo. Me senté muy lentamente, la enfermera siempre preguntándome cómo me sentía. Pasaron unos minutos me levanté del asiento y cariñosamente se despidió y me hizo pasar al sector donde te dan una colación –ojo con ese detalle, te dan comida gratis ejejeje-. Fui donde unas señoras de delantal rojo que con toda amabilidad me preguntaban si quería leche o jugo y qué tipo de galleta prefería. Escogí un jugo con galletas de vino y me senté en una salita de estar a ver “Charly y la fábrica de chocolates” –la he visto mil veces, pero la amo-. Diez minutos más tarde y sin mayor problema partí rumbo a mi casa. No fue nada tan terrible, pero le confieso que aún me duele la zona donde me pincharon, ya no el brazo, y bueno esa misma zona la tengo bien morá.

pd: De órganos no legalmente, porque la Ley en nuetro país no ayuda en nada si la familia no da el consentimiento. Y siempre les he dicho a mis padres que por favor si me pasa algo grave y ven que no hay vuelta atrás me dejen partitr y regalar vida.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Mi primera vez





Confieso que recién a mis veintidós años con cinco meses y un día… tuve mi primera vez, podrá sacar la cuenta exacta de mi día de cumpleaños. Era una noche de verano como cualquiera, salvo que estábamos en la semana festivalera. Para esa noche, penúltima del Festival de Viña del Mar, se presentaban los artistas: La Noche, Ricardo Arjona –arcadas-, y una tal Fany lu -¿se escribe así?, da igual-. Mi día había sido igual de aburrido que muchos de este verano. Aunque una nueva res social me revolucionó, Twitter. Nunca quise crea una cuenta, pero como caché que era un lugar para “criticar”-pelar, no pude aguantarme las ganas.
Creo que era mi tercera noche comentando lo que pasaba en las noches del festival. Me reía mucho con los comentarios de los twitteros y de pasada nos respondíamos los dichos pesados, porque estoy segura de que si algunas artitas lo hubieran visto se sentirían completamente LOSER. Fue el turno de Arjona ¡Sí!, ese que le canta a la menstruación, al amor, a los encuentro casuales y a las mujeres de las cuatro décadas. Canción que esperaba, no por gusto, si no porque me traía recuerdos de infancia. A eso de los siete u tal vez ocho años se la cantaba a mi abuela, entonces le mandé un mensaje a su celular cantando dicha letra. Terminó la canción, quise aguantar más pero no pude y apagué la TV y también mi notebook.
Estoy en mi pieza, dejo el note sobre su escritorio –estaba viendo el festival en el living-, me pongo el pijama, me voy a lavar los dientes y lista para ir a mi caita. Me acuesto, pienso un par de cosas, mis ojos comienzan a perder fuerzas y lentamente me voy quedando dormida. Entonces no sé cuánto tiempo a pasado y comienza a moverse suavemente…
Desperté, me di un par de vueltas y pensé “ná sólo es un temblor”. La cosa tomo fuerza y mis ojos se abrieron inmensamente. No me gustó nada, así que tomé la decisión de levantarme de mi cama –cosa que no hacía hace diez años en un temblor. Me sentí completamente desconcertada, iba a abrir la puerta de mi dormitorio y entonces miro para el otro, al lado del mío, donde estaban mis dos pequeñas hermanas con mis padres y los miré con una cara de no saber qué diablos hacer. Mi mamá atinó a decirme: “¡Ven para acá! Yo salté a la cama de Victoria, donde estaban los cuatro abrazados. Estábamos los cinco abrazados. En ese minuto el, para mí, temblor había alcanzado una fuerza brutal. Nos dimos cuenta que no nos quedaba más que quedarnos juntos ahí, caminar era imposible.
Mi mamá le pide a Sofía que se corra un poco, ella y mí a papá estaban muy cerca de los ventanales y la Sofí aterrada les grita: ¡No, se va a caer la muralla! Y mi padre se pega el comentario del siglo mientras la Victoria que tiene problemas cardíacos se está alterando, tiene taquicardia. Dice: “No importa hija, estamos los cinco juntos, así que si nos morimos estamos todos juntos”. Entonces mi madre y yo lo retamos, o sea dentro del terremoto una pequeña discusión. Mi madre, con una voz tenue nos dijo que esto era un terremoto. Yo, no entendía nada y de fondo se escucha como se caen y quiebran cosas.
Tomó más energía la cosa, y yo ya no lo podía creer. En ese minuto a través de la cortina se vieron unos chispazos, la verdad unos tremendos cortes de circuito. Se cortó la luz, volvió, más chispazos. Quedamos completamente a oscuras, y para hacer más apocalíptico el relato, escuché los campanazos de la iglesia que se encuentra a un par de cuadras de mi casa. A esas alturas qué pensé… ¡¿Cómo tan largo, cómo tan fuerte?! Mientras, el silencio se había apoderado de todos nosotros y la tierra siguió sacudiéndonos con una fuerza implacable. Ya no sentía miedo, ni adrenalina, ni miedo. Me sentía completamente entregada, de tal forma que pensé y me dije: “bueh’, que sea lo que tenga seeeer”. Nivel de resignación a más no poder. La naturaleza nos golpeó a todos por igual y así se pasaron los dos minutos y medio del terremoto del 27 de febrero del 2010.

pd: Nuevamente sin editar... estoy raja!

jueves, 21 de enero de 2010

A ti.....



No me interesa escribir un texto elaborado, ni lleno de palabras rebuscadas y lindas, no. Sólo quiero transmitir eso que siento bien en el fondo, desde ese lugar que pareciera estar oprimido en el pecho y que ustedes y yo solemos llamarle: alma. Todo lo que se pueda leer, creo que es una de las confesiones más profundas y honestas que he hecho. De esas que son “de adentro”.
Siempre miré desde afuera, a través de la prensa, lo difícil que era despedir a una persona joven. De esa que se dice… tenía toda una vida por delante. Y la verdad, nunca pude llegar a imaginar cuan doloroso puede llegar a ser. Lo veía, constantemente, como algo ajeno a mí, pero te pasó a ti y tocó lo más lo más hondo de mi corazón.
No pretendo darme vueltas preguntándome los por qué y tratar de darme una respuesta sin sentido. Pero Roberto, amigo, déjame decirte que no dejo de pensar que esto fue una terrible injusticia de la vida. Que tal vez su misión era estar con nosotros hasta los 24 años, y deslumbrarnos con lo que él era… no, por favor no me den un argumento barato que no me lo puedo comprar. Esto fue un accidente.
Recuerdo que, una cosa que nunca hacía, te llamé esa semana a tu celular. Específicamente el martes. Estabas triste, habías terminado otra vez con la Vale y por primera vez te dije: “Sabís’ qué, no te voy a decir nada ¿Juntémonos el viernes a tomarnos una chela?, yo te invito”. Y como siempre, tú, prendido dijiste que sí. Aunque se notaba que estabas triste.
Llegó el día viernes y no te llamé. Fui a la feria del libro con un amigo, lo estaba apañando en su reporteo y no supe nada de ti. El domingo a primera hora había despertado de un buen carrete, acostada junto sujeto con el que estaba como “saliendo” –pa’ darle nombre a esas cosas que son todo, pero al final siempre… nada-. Tomé la micro, aún con algo de sueño luego del trasnoche y las copas demás, en ése minuto todo cambió de manera irreversible. Sonó mi celular y mi amiga cecilia me dijo: “Panchi, estás sentada. Es que tengo que decirte algo bien grave. Lo que pasa es que Roberto está mal, tuvo un accidente y es posible que ocurra lo peor”. Quedé desconcertada, de puros nervios me reía. Llegué a mi casa, le conté a mi hermosa vieja y no lo podía creer, menos yo.
El lunes a penas salí de clases fui a visitarte, a preguntar a tu familia cómo estabas. Ahí me topé con Jaime y Pato que venían de regreso a sus casas y en el hospital me encontré con tu “hermano” Alex. Conocí a tus padres, hermana, tíos. A la vale, tu polola de años y la Feña.
Así estuvimos una semana, llamándonos y haciéndote visitas. Hasta que llegó el sábado y empeoraste. Los médicos dijeron que en cualquier minuto nos dejabas y nosotros no habíamos podido verte. Curiosamente ese día ninguno de tus amigos pudimos hacernos presentes, las cosas no se dieron. Entonces con la Cecy nos acordamos juntaros el domingo a las 4:30. Llegamos, no había nada mejor. Queríamos verte. Salimos a quemar un par de cigarros, comprar bebida y distraernos. Entre todo eso debe haber pasado una hora cuando algo nos dijo que debíamos entrar y las caras de desaliento nos comunicaban que las cosas no estaban bien. En eso, recuerdo que tu hermana se nos acercó para contarnos que recién tenías muerte cerebral. Quedamos heladas con la Cecy, y uno de nuestros primero pensamientos fue... nos estabas esperando.
Más tarde llegó la hora de decirte adiós frente a frente, para esa hora, Alex y Jaime ya habían llegado. Entré con Alex. En resumidas cuentas, se derrumbó al verte. Por mi parte en silencio y mientras me corrían las lágrimas por las mejillas sostuve a tu hermano y en silencio, apretando fuertemente mis labios, te lloré. Pocos saben la pena y lo que llegué a sentir por ti en ese momento.
Tu cuerpecito estaba tan distinto, fue chocante, pero tu piel estaba igual de suave que siempre. Todos hablaban de tus moretones, yo casi no los vi. No me importaban. Sólo sé que mientras Alex estaba arrodillado frente a ti, yo cogí tu mano. Estaba tan tibia como ayer, como cuando estabas bien. Y en tu pecho, a pesar de que una máquina te ayudaba, lograba ver como respirabas.
Pero aún te veo bailándome, trabajando juntos, conversando donde el chasca. Haciendo declaraciones por msn y tantas cosas más, pero en silencio… así me mantuve, como tú quisiste, en silencio… hasta hoy, y hasta el último suspiro que diste.


pd: esto no está editado, ni tampoco me interesa hacerlo. Está recién salido del horno. Y bueno hace dos meses, exactamente, te vi partir.

viernes, 23 de octubre de 2009

Mala madre...


Que frase más cliché pero... ¡que rápido ha pasado el tiempo! REvisando este espacio me acabo de dar cuenta que el bebé de esta casa, la regalo, mimada y más rica gati cumplió dos años. Y en eso me puse a pensar. En todas las cosas qe han pasado dentro de estos dos años desde que llegó esta ricura. Y puuuucha que han sido varias.

Desde cosas en el ámbito profesional, del corazón, de sábanas. Sí, hay que decir sábanas porque no es lo mismo que el corazón. Reconozco que lo he pasado muy bien, que he crecido bastante, que como todos he tenido problemas. Algunos más profundos y dolorosos que otros y que precisamente hace un poquito estaba en eso. Los viejos no andan bien...

He estado tan ocupada con la U y con mi vida, que no me había acordado para nada que mi mona tenía dos años. Y que en estos dos años, perdí algo muy, por no decir una de las cosas más preciadas en mi vida. El grupo de chicas con el que he estado casi toda mi vida.

Me irmporta un soberano pepino haber perdido a un sujeto, porque fue por culpa que todo deribo en esto. Por su abuso de confianza, de abrirle mi mundo. Sé que fui yo la que metió el pie hasta el fondo del acelerador, pero eso no le daba derecho a destruir de alguna manera, casi, mi vida. Por eso hace un par de días andaba con la idea de que me importa un carajo saber la verda, que me habría gustado quedarme siega antes este hecho y simplemente no saber nada. Eso porque sé que esa persona se fue en la "volá" no más, también metió un poco las patas. Pero quien finalmente terminó destruyendo todo en su afán por saber la verdad fue él y eso, esta vez, si que no lo perdono. No tengo ganas de hacerlo.

Y es que siempre he creído que en estas cosas, claro las mujeres siempre quedan peleadas y el pelotudo, ni un problema. Nadie le dice nada. Bueno, les contaré que en mi caso no. Detesto que el muy patudo quedé como rey y todas las linduras tiraaandose las mechas, nononono. Primero las nenas, mis amigas. Que aún estoy muy joven y ustedes los machos pasan, pero ellas simpre que lo deseen quedan para tooda la vida.

viernes, 6 de febrero de 2009

Dominando el balón.... y mi vida


Que abandonado tengo mi espacio. La vida laboral, el creerme periodista…jejejeje, me está pasando la cuenta. A ratos me pican los dedos por escribir durante miles de horas, miles de mis cosas. Creo que me ha sido útil esto de mantener un registro de lo que he vivido, pero finalmente las ganas de dormir placidamente, de descansar, lo han podido todo.
El año terminó bien, pasé todos mis ramos. Lo malo, la casa, muchos gritos y declaraciones hirientes…. En fin. En términos amorosos finalizó con cosas inesperadas. Terminé envuelta en unas cosas medias raras y al llegar el nuevo año siguen y suman un poco más. Han pasado cosas muy raras en verdad, yo lo atribuyo a las altas temperaturas. El tema es que para variar… Bueno sí, aunque usted no lo crea floreció una pequeña cosa así bien, peor bien en el fondo. Cosa que por un lado me hace pensar en que sigo con mis trancas y que además para variar y como buena mujer, puse un poco de ojo –digo no es nada tan importante la verdad- en el equivocado. Si la canción de Fran Valenzuela me calza pero perfecto, me refiero a “Peces”. Pero bueno que aburrido detenerse en esto.
Recibí al año nuevo como se merece, junto a mi familia y a dos de mis grandes amigos. Con ello también comenzó el trabajo. Como dije al principio: “me creo periodista”. Comencé a trabajar de reportera para un programa deportivo. La experiencia, tomando en cuenta que recién estoy pasando a tercer año ha sido de lo más enriquecedora. Desde los laboral, porque de verdad se aprende mucho practicando y obviamente el “factor humano” también es algo súper determinante. Seamos realistas, estoy en un mundo completamente masculino, donde toparse con mujeres parece casi un golpe de suerte, entonces pasas a ser como el símbolo y evidentemente todos te reconocen y tienen más que claro tu nombre.
Hay días que son pesados, que las distancias, los chicos se demoran en salir y ves el reloj y cada minuto pasa como si fuera un segundo y es como si te sacara la lengua para burlarse y decirte que pronto va a comenzar el programa que debes volar para llegar a tiempo y todo ante un sol que no da tregua. Un sol que te persigue incesantemente y que tiene mis hombres con distintas marcas. Costos del trabajo. Llego a la radio. Tiro la cartera. La verdad no hay tiempo para hacer las cosas con mayor delicadeza y claro ando en deportes, pero con cartera, gran detalle ¿No? Otro colega esta editando sus cuñas, yo saco mi grabadora y escucho las cuñas que voy a dejar al aire. Me siento al computador, segundos antes de partir el programa llega Cristián, alías “el jefazo”, y dice Fran segundo bloque. Un alivio tengo tiempo de editar y tomar algo de agua. Así es casi siempre esta cosa. Todo muy acelerado.
A veces el alboroto es tanto, miras la hora y rendida te das cuenta que aunque hagas algo sobrehumano igual no vas a llegar. Entonces comienzan los llamados. Mejor hagamos el contacto vía telefónica y hago lo posible por tener a alguien en vivo. Este miércoles sucedió aquello y a pesar de que tenía cuñas y las podría haber tirado desde la grabadora –a todo esto estaba en palestino-. El programa ya había comenzado, sabía que quedaba sólo Luis Musrri en camarines, rogaba que saliera a la hora del llamado y así fue. De lujo contacto en vivo con el DT. Y a veces no resulta, como en la final de la Dimayor, donde tuve que terminar entrevistando a un hincha.
Debo reconocerlo, esto de ser la única mujer en la radio es entretenido. Me piropean, y regalonean todo el rato. Cuando voy a reportear los que ya me conocen más también. También pasan cosas curiosas. Hoy en la UC como está latente lo de Gary y esta vez, como la única mujer presente en aquel lugar y con la presencia de Medel en aquel lugar, tres colegas me hicieron la misma pregunta, y esta fue: “Si Gary te invitara a un ‘carrete’ ¿Irías? La respuesta no la voy a dar. Creo que es evidente. Como sea estar en un mundo de hombres es bastante agradable. Me enseñan, me ayudan, me hacen reír y la verdad estoy formando buenos contactos y por otro lado buenos lazos de amistad.
Decidí que el veinte este mes me voy a retirar. Razones: debo desconectarme de todo, descansar y de verdad. Aunque creo que me va a costar mucho. Esto me gusta demasiado y cortar el lazo de un día para otro creo que me será difícil. Pero eso será por un tiempo corto. Es porque para este semestre necesito cargar muy bien las pilas. La universidad se viene complicada este año, pero ya conversamos que durante el año haré colaboraciones durante el año y lo mejor, tendré la credencial de la ANFP.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Efecto Madonna




Desde pequeña escuché la música que le gustaba a mis padres y mi tía, la que es como mi hermana mayor. Algunos con mayor fuerza que otros quedaron sonando con fuerza en mi mente. Entre los artistas obviamente estaba Madonna. Lo que más recuerdo durante esos años son temas como “Vogue”, “La isla bonita”, “Like a player”, entre varios más. Crecí con eso y como la reina del pop se mantuvo y se reinventaba durante mi infancia, claramente no pude quitar mi vista y oídos, claro, de ella.
A mis 21 años se cumplió uno de los sueños más grandes… Madonna en Chile. Al principió, cuando la soca sólo parecía ser un rumor no lo creí mucho. Para muchos era una cosa casi insólita que la gran diva pisara suelo chileno y nos deleitara con uno de sus increíbles shows. Pero el rumor pasó a ser verdad y se desató un caos por adquirir las entradas, debido al monopolio –porque no hay otras palabras para denominar esto- que ejerció ENTEL y Banco de chile con la pre-venta. Debo confesar que esta primera forma de veta, excluyente por lo demás, casi me deja afuera del evento. Pero la historia fue otra.
Diez de septiembre, a las 6:00 a.m. Cecilia –mi mejor amiga- y yo cerrábamos las puertas del auto para ser parte de la gran historia. Nos encontrábamos en el estadio de las monjas para adquirir la tan preciada entrada. Entre la espera conocimos a varias personas, de ellas a la Caro, con quien nos juntamos posteriormente para ir al concierto. La espera me parecía eterna, los tickets decían “Madonna Sticky and sweet tour, 11 dic, Estadio Nacional”.
El día llegó y la Cecy me pasó a buscar como a las diez de la mañana. Supuestamente me iba a matricular, pero el fanatismo y ansiedad pudo más y al ver un poco de aglomeración nos fuimos rumbo al estadio. Al llegar el ambiente se hizo muy grato. Un matrimonio delante de nosotras, unas señoras cincuentonas atrás y atrás de ellas una joven que venía sola. Las bromas, risas y shows debido a extraños sujetos que se creían Madonna hacían menos tortuosa la espera. Además de la labor de carabineros que amablemente nos brindo un gran espectáculo con el famoso “guanaco” y refresco aquella cálida mañana y tarde. Yo creo que estos caballeros nunca se sintieron tan felices, ya que todo el mundo pedía que vinieran a refrescarnos a gritos.
Pasado de las cuatro de la tarde la mayoría estaba algo agotado, pero comienza la prueba de sonido y suena “Candy Shop” y ¡Sí, escuchamos a Madonna desde afuera! No se imaginan el nivel de euforia que se generó y creció cuando de pronto se escucha “Vogue”. Así estuvo uno 45 minutos, hasta que todo quedó en silencio. Todo el mundo llamaba por celular, no sabían la supresa que venía después. A las cinco se abren las puertas del estadio, al ingresar notamos que estaban los bailarines y una loca rubia saltando al medio. Al principio creímos que era como la coreógrafa, pero no ¡Era Madonna! Entonces tomó el micrófono y se puso a cantar. Nadie creía lo que estaba viendo, fácilmente nos pudo hacer entrar después. Luego toma la guitarra y todos seguíamos mirando absortos, eso no fue todo. Pasado el rato de guitarrear, salta hacía la cancha vip y se pone a cantar con sus fans. La impresión fue tal que nadie pudo cantar de manera decente junto a ella. Creo que yo tampoco habría podido.
Se sube nuevamente nos saluda afectuosamente, hasta que muy deslenguada excitada Madonna, después de una par de buenos garabatos nos dice a todos: “Nos vemos a la noche y espero que todos los culiados canten”. Sí, así tal cual. Quienes pudieron entender rieron junto a mí.
A eso de las 7 p.m. llega la Caro y posteriormente mi tía. Las piernas de la Cecy y yo no daban más y ya a eso de las 8:30 p.m. parecía que el estadio se venía abajo de lo lleno que estaba. Es más, hay gente que no pudo ingresar del todo a cancha y tuve que ver el show desde la entrada, jamás había visto así de lleno el nacional y era la segunda noche. Si hubiera hecho un tercer show, creo que nuevamente lo repleta.
9:45 unas gigantes pantallas se encienden y seguimos un pelotita, pasado unos dos minutos se escucha su voz tic-tac…tic tac. El estadio se envolvió en gritos. Comienza a deletrearse la palabra Candy en las pantallas, la que estaba en el centro gira y aparece ella en su trono y ahora si que un Estadio Nacional repleto al máximo parecía estallar, venirse abajo entre los eufóricos gritos de los espectadores y la voz de la gran reina del pop.
No podía creer lo que veía. La calidad de su show es a tal nivel que parece un sueño. Por otro lado eligió muy bien sus canciones, ella sabe que todos queremos escuchar sus éxitos antiguos y a pesar de que estaban “remixados” es completamente un placer escucharla. En algunos temas ocupa pistas, claro, con todo lo que se mueve no me parece pecado. Pero hay que destacar que cuando se paró sola con la guitarra y también cuando cantaba acapella, sonaba increíblemente igual. Sin duda una delicia.
Un medio sentenció que su show había sido frío y calculador, lo cual me pareció un comentario más que capcioso. Seamos honestos, cuándo un artista o banda se ha subido al escenario sin tener claro que tocará. Un espectáculo como el de Madonna simplemente debe serlo –calculado-, de lo contrario estaríamos viéndola sentada cantando. Sus shows son impecables y como todo está calculado hace que en verdad sean casi, para no decir que lo son, perfectos. Ni ella, ni sus bailarines y músicos dan un paso en falso. Debo decir que cada peso que se paga por una entrada para su concierto realmente lo valen.
Después de haber visto a Madonna en vivo y esto es un fenómeno que he comprobado con otros asistentes, toda la cama de artistas que viene al festival de Viña llama para nada la atención y las expectativas ante los próximos conciertos que uno pueda asistir, parecen ir debajo de Madonna.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¡De Terror!

Lo que contaré hoy no es muy bonito que digamos, pero debido al impacto que generó en mí debo contarlo. Como muchos de ustedes estoy finalizando el semestre, por lo mismo hay harto qué hacer y eso se traduce en cansancio y algo de angustia, por lo menos en mí. Ando sensible, llorona, pero es por las circunstancias, lo que me rodea, las cosas que pasan, gente indeseable, la FAMILIA. Hoy fue de esos días en los que tenía prueba iba todo bien el estudio, pero siempre hay un factor que usualmente y discúlpenme la expresión, te caga toda la onda. No fue tan así, pero al parecer hay gente que casi aborrezco. Lo malo de aquello es que condiciona un poco mi actitud con los otros y parece que ando con un tremendo escudo por delante. Es que ya no quiero más, durante esa noche lagrimeaba a mi madrina diciéndole que por favor me sacara de acá, que quiero estar lejos muy lejos de todo, de todos y de toda la mierda y de toda la gente que lo es. Esto huele a un serio cuadro de stress ¿O no?
Pero vamos al grano –qué palabra no, mis chicas saben por qué me hace reír-. Yo estudiando, conversaciones que no quería y pucheros. Entonces dentro de todo eso escuché las sirenas de los bomberos. En primara instancia no me alarmé. Llegó la hora de salir y por azar, creo yo, sentí olor a como goma quemada y creía que era un incendio cerca, aunque no veía humo por ninguna parte. Salí de mi casa y llegó a la esquina de mi pasaje, el escenario: hay tres negocios -uno es el de mi tía-, el carro de bomberos y los carabineros. Acto seguido desvié mi camino y pensé que algo había sucedido en el negocio de mi tía. Afortunadamente no fue eso, pero el panorama no era nada alentador.
Entonces divisé a mi madre con mi hermanita Victoria, tenían cara de asustadas. Me acerqué, a todo esto el dato clave es que al lado del negocio de mi tía hay una carnicería, y me comentó lo siguiente: “la señora de la carnicería estaba trabajando con la máquina para hacer carne molida y le agarró la mano”. Pueden imaginar la cara de espanto que puse en ese momento, más aún dándome cuenta de que lo poco que vi era parte de la escena.
A mí lado estaba una vecina que vive casi al frente de este negocio y me comenta que se sintió un grito atroz, no era para menos, y que había salido inmediatamente. Ella entró fue de las personas que junto con mi tía y llamaron a todas partes para hacer algo por esta señora, disculpen pero no sé su nombre. Sin haber preguntado nada más, ella siguió conversándome y describiéndome toda la escena, al cual no contaré porque me parece demasiado morboso, más aún que el hecho de haber escrito esto.
El relato siguió y con ello juro que me tiritaron las piernas y creí que me iba a desmayar ¡Fue horrible! Me da escalofríos de sólo recordar lo poco que vi y el relato e mi vecina. Dentro de todo, le dije a esta señora que por qué no llevaban a la afectada al hospital del profesor, ubicado casi al lado de donde estábamos, en el auto de carabineros, ya que la ambulancia brillaba por su ausencia. Los bomberos hacían todo por tratar de reventar la máquina, pero según lo me comentó mi mamá posteriormente, fue imposible y se tuvieron que llevar a la señora con máquina y todo, entre otras cosas más.
Ahora un comentario bien aparte. Los carabineros estaban afuera y no quisieron entrar, no se la pudieron y entonces pensé en que si un día me están asaltando a mano armada y pasan por mí lado, según esto, aunque me esté desangrando van a pasar por mi lado y arrancarán. Me pareció frustrante, en fin. Sólo espero, hay no sé que espero en verdad al historia es horrible, así que de verdad no sé que es lo más adecuado para finalizar, PUNTO.



pd:imágenes, ni pensarloooo!

domingo, 9 de noviembre de 2008

Lo daría todo por ti




Esta última semana fue un poco dura. Desde lo académico, hasta en asuntos de familia. Pero como sea hay que seguir y bueno en eso estoy, no me queda otra. Además no soy de quedarme muy pegada, menos aún en las fechas en las que tengo que dar el todo en la universidad.
El asunto es el siguiente. Yo estaba en mi pieza leyendo y mis hermanas jugando en la calle, cuando de pronto escuchó un escandaloso y aterrador chillido. Pensé en inmediatamente en Victoria, la menor de mis hermanas. Un segundo grito y me asomé a la calle. Una araña subía por su delgadita y larga pierna. Me acerqué y veo que un asqueroso arácnido bien café que seguía subiendo la pierna de mi pequeñita. Sin pensar ¡Yo! Que le tengo terror, terror a las arañas, tomé su pierna y de un golpe esa cosa salió volando. No sé si muerta y viva, la verdad es no me importaba, lo único que me importaba era sacarle de encima esa cosa mi vickyta.
Ella se calmó, me sonrió y me dio un abrazo. La dejé jugando con Sofía y volví a mis lecturas en mi dormitorio. Entonces comencé a pensar en que le tengo terror a las arañas, en que jamás habría hecho algo así, pero por ella y en verdad por mis hermanas lo daría todo. Puede que parezca una estupidez, sin embargo, pero aquellos que le tienen fobia a los arácnidos probablemente me entienden.
Me acordé de esto porque el otro día escuchaba a una señora decir que cuando una madre de alguna manera “salvaba” a su hijo, o lo ayuda en situaciones graves, no es que las madres estén preparadas o todo lo sepan, sino que el amor y el instinto por salvar a su pequeño lo puede todo, y la verdad creo que es así. Estas peques no son mis hijas, pero nuestra gran diferencia de edad hace que sea más una madre que una hermana. Además al otro día con esta misma peque pasamos un gran susto, que digamos aún no se acaba, pero está bajo control.
Al día siguiente, después de la anécdota de la araña, ella terminó hospitalizada. El punto es que la angustia y las ganas de llorar no me las quitaba nadie. Las ganas de ser yo quien estaba ahí y no ella, mi princesita.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Me sentí completamente derrotada





Muchos de los que me conocen me han dicho más de alguna vez que soy ñoña, porque se supone soy como buena para el estudio o media matea, cosa que en verdad yo no creo ser. La verdad es que más que ñoña, pienso que soy responsable y nada más. Es que además de ñoña lo único que tengo es que… estudio, porque por otra parte soy muy buena para… digamos que me encanta compartir con mis amigos.
Cuenca he sido una estrella en matemáticas. Cuando era peque la verdad me iba bien, pero esa cosa tan lógica en algún momento me aburrió y desde ese día nos divorciamos. A mi entrada a la universidad y en una carrera como la mía, Periodismo, la verdad es que no pensaba en las matemáticas, pero ahí aparecieron en gloria y majestad. Durante primer año, y aunque yo misma no lo creía pasé aquel ramo de economía sin mayor sobre salto. Es más, recuerdo que para el examen, las notas que había obtenido me alcanzaban para decir: pongo mi nombre y me voy. Con uno pasaba igual. Además debo confesar que nuestro profesor era un amor, increíble. De verdad pienso que era imposible no entenderle y… lo otro es que era bastante guapo, pero mejor lo dejo hasta ahí, el hombre es cura.
Entonces llegamos a segundo año, segundo semestre y aparece este ramo con el siguiente nombre: “Taller de Análisis de Datos”. De algún modo se puede decir que es como economía dos. El asunto es que este ramo lo hace un caballero que ¡Dios nos libre! La verdad es que este ramo me cargó y la única motivación para pasarlo es que: no quiero volver a ver a este caballero ¡Nunca más en la vida! ¿Penoso no?, pero así es.
Primera prueba… me fue decente, e incluso me debería haber ido mejor, de no ser porque a la muy especial de mi persona se le había olvidado sacar un par de cálculos más, lo peor es que me acordé de todo lo que me faltaba a lo que salí de la prueba.
Segunda prueba, y me quedé estudiando hasta las dos de la madrugada, viendo todos los ejercicios y tips que hicimos en clases y las ayudantías. Además estaba escribiendo un trabajo para el mismo ramo, cosa que también me iba a ayudar con el estudio. Debo decir que esto fue ayer. Llego a la U y más encima me di el lujo de enseñarle un poco a un compañero.
Entramos a la sala, el profesor entregó las pruebas y juro que al verla lo único que quería era ponerme a llorar. El muy maldito hizo todos esos ejercicios que casi nunca vimos o que dijo el ejemplo, pero que jamás ejercitamos, así que el resultado de mi prueba estaba a la vista. Nunca, pero nunca en mis 21 años me había sentido tan derrotada, con tal nivel de angustiada y frustración. Jamás me había pasado eso de encontrarme tan nula en una prueba, ni en el colegio. Que sensación más horrorosa. Sin embargo, debo decir que entre las estupidez del caballero y su mariconada con nosotros, porque la verdad es que creo que su único afán en esta prueba era jodernos a todos, al parecer no se dio cuenta y puso uno de los ejercicios propuestos, es decir, un ejercicio de los que manda extra para que ejercitemos. El asunto es que, el que puso en la prueba lo habíamos desarrollado en la ayudantía, así que como él nos permitía usar torpedos en mi desesperación arranqué la hoja de mi cuaderno y lo copié enterito. Finalmente y aún angustiada me decidí y hice otro de los ejercicios. Sé que tengo malos los resultados, pero los procedimientos están bien. Lo hice porque dentro de mi derrota, tenía que mostrar algo de dignidad. Mostrar que si bien, no tengo buenos los resultados, si sé como se hacen los cálculos y así poder obtener algo de puntaje, aunque el rojo no me lo saque nadie.

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Por qué no fui contigo?




Hoy fue de esos días caos. Llena de cosas. Algunas parte de la pega, pero entretenidas, otras con carácter de sorpresa, otras con recuerdos. De todas ellas no todo resulto bien y la verdad es que fue un poco grave, ya que hacer lo mismo otra vez es un poco, porque en ningún caso del todo, una pérdida de tiempo. Tiempo que a esta altura del semestre no tengo. Estoy en esos días en que aquella unidad inventada por el hombre, que da un cierto orden, creo yo, es demasiado valioso. Probablemente siempre lo sea, pero en este preciso momento, lo es un poco más.
En fin, la verdad no es de mi caos mental del que quiero hablar, sino de un amigo al que vi hoy y que hizo que me sintiera algo… algo así como… enojada conmigo misma. Comenzamos a entablar la conversación, yo andaba algo irritada y quisquillosa, alegaba por todo. Encima del sofá tenía puesto mis vestidos de gala, que por lo demás son liadísimos, ya que mi vecina que se va a graduar de cuarto medio quería verlos. Entonces miré a mi gran amigo ¡Sí! A ese que conocí en el metro camino al colegio, gracias a una compañera, cundo yo iba en octavo básico y él en segundo medio, es decir siete años atrás.
Él es un hombre completamente maravilloso, demasiado inteligente, muy entregado a sus estudios, tiene una sensibilidad increíble, es tan hombre, tan caballero, pero al mirarlo a los ojos, la puerta del alma, en su interior también se encuentra un niño. Es mi amigo de hace siete años y mi compañero de caminatas, tardes de cine y conversaciones varias. No nos vemos tanto, o no tanto como quisiéramos. A veces hemos pasado meses sin hablar, pero jamás se ha roto nuestra infinita amistad.
Hoy estábamos juntos conversando, él estaba algo asombrado de cómo me pongo cuando estoy agotada, nunca me había visto así, cuando de pronto sus ojos y los míos caen en mis vestidos y me surge la pregunta ¿Por qué no fui contigo a mi gala? Es más hasta le dije que creía habérselo preguntado en esos años, pero él me aseguró que no y entonces yo me seguía cuestionando el por qué y además le repetía que siempre debí haber ido con él. Entonces me mira con ojos de niño travieso y me dice: “Viste, hoy estaríamos en el proceso de… ¿Te “acorday” cuando estábamos en la fiesta? Y todo ese tipo de cosas, las cuales me hicieron sentir algo estúpida. Debo decir que no estoy arrepentida de haber ido con el otro niño, aclaro que no era mi novio, porque en esos tiempos yo… sólo disfrutaba de la vida y así como hoy, lo que menos me importaba en ese minuto era estar con alguien. Pero las circunstancias de la vida hicieron que aquel chico, amigo mío el de la fiesta, desapareciera por completo.
La verdad es que en esos momentos, hace tres años, tenía mi cabeza en tantas cosas que no me di cuenta de aquello y hoy creo que lo más maravilloso habría sido que él me hubiera acompañado en aquella noche.
Pero… ¿Saben una cosa? Mientras iba escribiendo esto, se me ocurrió algo. Tal vez para remediar aquello, pero también la veo como una nueva oportunidad. A penas reciba una invitación a un matrimonio, él será mi elegido. Apenas sepa agarraré mi celular para comunicarle no que lo invito, sino que vamos a ir a un “casorio”.
Así como hemos compartido tantas cosas lindas y bueno hoy no tanto, porque yo andaba de malas pulgas, quiero compartir con él la instancia de un evento de esa magnitud. De beber un par de copas, a pesar de que él no toma alcohol y no fuma y este y el otro… yo todo lo contrario, pero lo haremos igual. De estar vestida como una damita a su lado, con unos altos tacones, después intentado bailar y quedar con los pies descalzos antes de herirlo y finalmente de darle un gran abrazo para darle gracias a la vida por aquella oportunidad.
Danilo, te adoro toda la vida.

sábado, 18 de octubre de 2008

La Moni Cumplió un Año!!!




Hace un año, una amiga de la U. Mi doña Poly, me contaba que habían nacido los gatitos y yo decía que ricura y pensaba en que quería uno. Desde el nacimiento de mis hermanas, hace nos nueve años no teníamos mascota. La razón, simple, los bebés. Para mí fue demasiado triste, ya que crecí con mascotas. Estaba acostumbrada a compartir y regalonear con perros, gatos, hámster, pajaritos, conejos. Así que imaginen mi calvario.
Pero bueno, pasaron 8 años y por esos días a la Poly se le ocurre preguntarme si es que quería un gatito. Yo… por dentro a gritos decía que sí, pero pensando en mi familia respondí que no. Sin embargo, dejé abierta la posibilidad de que…tal vez sí. Entonces se lo pregunté a mi familia y obvio las peques saltaron de alegría y pedían entre abrazos y gritos que la trajera. Mi padre y mi madre se miraron y bueno, accedieron. Ya las niñas estaban como decían ellos “más grandecitas como para que tuviéramos una mascota”.
Le dije a mi amiga y en un segundo el acuerdo estaba listo. Entonces yo comencé a prepararme, le compramos camita, esa típica cajita con arena para sus necesidades, unos juguetes y como a su llegada sólo iba a tener un mes, consultamos con veterinarios la fórmula para hacer leche como para los gatitos recién nacidos.

Llegó el día
Hace un año también, estaba pololeando. Cómo cambian las cosas no. Además pertenecía al TRICEL –Tribunal Calificador de elecciones- y estaba sentada frente a la urna con Mis amigos de carrera, la Cami y el Seba. En eso llega la Poly con una cosita que parecía casi un ratón y que maullaba insistentemente, como si se fuera a acabar el mundo. Y ahí estaba la moni. Tan pequeñita que cabía sin mayor problemas sólo en la palma de mi mano. Demasiado exquisita. Durante todo lo que duró ese día de elecciones mis amigos y compañeros no dejaron tranquila a mi pobre pequeñita, algunos la acariciaban y otros obvio tanteaban.
Al fin de la jornada, me pasó a buscar mi ex, el supuesto padre. Hoy mi niña es “washa”, pero les aseguro que la más mimada de todas. La llevamos en metro y sus maullidos… uufff, llamaron la atención de todos los que iban cerca. Al llegar a casa no teníamos muy claro cómo le íbamos a dar su leche, ya que si la bebía de un platillo se ahogaba. Finalmente entre tantas cosas optamos por un gotario y ¡Santo Remedio! Durante unas tres semanas alimentamos a la mona como si fuera un bebé y yo en definitiva parecía toda una madre.
Menos mal que estaba finalizando el año académico, porque durante esas semanas, como cual me acostaba con esta cosita y en mi velador tenía preparada una porción de leche con su gotario y claro durante al noche la muy linda me despertaba unas dos veces y pobre de que no al fuera a alimentar.
En fin, todo esto sucedió hace casi un año cuando la monita llegó a mi casa. La verdad es que trajo mucha alegría y a veces me resulta gracioso cuando ya casi todos nos vamos a acotar y mi padre pregunta que “dónde está la mona”. O cuando llama a casa cuando viaja por el trabajo y pregunta incluso por ella. En definitiva la mona es el bebé de la casa.

PD: Ando más que apresurada así que si tengo algún error pido las disculpas correspondientes.
Además disculpen lo mamona, pero es que amo a la monii!
y bueno su cumpleñao fue el 15, pero también por problemas de tiempo, no lo pude subir antes.

sábado, 11 de octubre de 2008

¡Viva Chile Mierda!




Me siento indignada, pero indignada ¡Total!
Hoy como pocas veces me decidí a salir con mi familia, madre, hermanas y abueli. Papá se fue de viaje –que novedad-.
Pero bueno, no es de la salida de lo que quiero hablar, sino que de una situación que ocurrió al volver a casa.
El trayecto era desde estación Mirador –línea 5-, hasta Las rejas –línea 1- y como de costumbre, sobre todo después de la masacre de Transantiago… el metro iba algo lleno, aunque no mucho en relación a las terribles horas punta.
Línea uno, estación República más o menos y sube una joven embaraza. Acto seguido ella se ubicó en los asientos que van como laterales donde se encontraban sentados dos hombres. Ninguno de los dos, compadres a todo esto, cede su asiento. La chica se veía joven, probablemente tenía mi edad, unos lindos 21 años y en su rostro se podía apreciar un poco de cansancio.
Uno de los pelotudos –disculpen la expresión, pero es lo más sutil que puedo decir- iba con un diario en mano, al parecer el LUN, lo leía a ratos, pero luego al subir esta chica y con una actitud muy pendeja y burlesca se pone a mirar el diario y a hacer como que lo leía y se lo mostraba a su amigo. Mientras la joven seguía de pie con el futuro de Chile en su vientre. Ellos soltaron como unas risitas estúpidas y se notó que miraron el vientre de la joven.
¿Qué pasó? La verdad no pude ante tal rotería y falta de civilidad entre pares. Creo que mis palabras jamás van ha poder retratar los gestos, las miradas y tontas risas de estos caballeros. El asunto es que le pregunté a la joven si es que quería sentarse, a lo que ella me respondió que “me da vergüenza”. Y sus ojos algo tímidos decían algo así como… Nada que hacer. Yo no pude contenerme y con mi dedo índice, sí ese, el apuntador, el acusador, toqué el brazo del estimado, que además era el sujeto que llevaba el diario en su mano y le dije, obviamente con el respeto que se merecen todas las personas: ¿Disculpe… le podría dar el asiento a la joven?
Vino la sorpresa, el muy caballero corrió su brazo bruscamente, levantó su mirada, la clavó en mis ojos lleno de ira, como diciendo qué te pasa pendeja de mierda y yo creo que por decirlo casi dulcemente, porque la forma con la que me miró me dejó casi knock out. Entonces guardó su diario indignado. Todo lo hizo como dando a entender que lo que yo había hecho estaba mal y era casi una falta de respeto para él, el muy educado. La joven claro se sentó me dio las gracias y todos sus gestos hicieron notar que fue un alivio para ella y el retoño poder sentarse.
En cuanto al señor solidario, se notaba que venía del trabajo, no lo niego y cualquiera pudo haber dicho… Tal vez estaba cansado. Pero la verdad es que se notaba que estaba de lo más relajado, que no había sido un día más que para ir a marcar la tarjeta y punto. No como muchas veces que he visto a señores obreros que vienen completamente exhaustos y se les cae la cabeza de sueño, así como también el tipo del maletín que anda con unas ojeras que le llegan casi hasta el suelo, en ese caso probablemente nada que hacer. Pero este idiota que tomó el diario se lo mostró a su compadre, con el pretexto de revelar algo justo, pero justo en el minuto en que tenían ahí en sus narices a una joven con un maravilloso vientre de unos seis meses.

ACERQUE SU TARJETA (me acordé de esto)




Esa situación me recordó lo realmente estúpidos que a veces nos comportamos como sociedad.
Hace un tiempo iba en la micro camino a “mi departamento”. Estábamos en la esquina de AV. Larrain con Tobalaba cuando el semáforo dio rojo y el conductor se baja apresuradamente para comprar agua. Probablemente no debió hacerlo durante el recorrido, pero ante algo tan esencial como poder tomar agua qué le íbamos a decir.
Él se bajó y llegaron unas cuantas personas. Vieron que no estaba el chofer, entonces entre risas y creyendo ser –en buen chileno- muy “bakanes” o “choros” suben sin marcar la tan famosa tarjeta bip. Todo aquel que subía hacía vista gorda y sencillamente no pagaba, mientras yo miraba atónita, por no decir que tenía ojos de huevo frito.
Pero tenía que ocurrir el milagro:
Llega otro buen número de pasajeros, uno de ellos –que por lo demás se notaba que era un sujeto muy humilde- con su bip en mano, miró hacia todas partes y a pesar de notar la ausencia del conductor, sin más pasó su vip por el validador. En ese momento juro que me dio ganas de pararme y aplaudir a este señor por su actitud. No lo podía creer.
Muchos pueden pensar algo así como, pero cómo tan exagerada, si demás que es eres capaz de hacerlo. Puedo decir que no. Pero saben por qué. La cosa es sencilla, si veo, creo y siento que el sistema está funcionando mal, con una actitud como esa lo único que voy a lograr es a contribuir a que esto siga mal y tal vez peor. Por otro lado mi alegato quedaría inválido, al menos yo creo eso.
O sea si usted es de los que se cree “chorito” porque no paga su pasaje, déjeme decirle que creo que está completamente equivocado. Puede que se demore una eternidad, pero al fin y al cabo siempre llega a destino, más encima gratis. Esto es casi como votar, si usted no está conforme con el sistema, qué hace alegando si no ejerce su derecho de sufragar, de elegir a alguien para que lo represente y aunque no exista ningún candidato que le guste, da lo mismo… alega con todo su derecho.
No digo que sólo por no votar el resto no tenga el tan famoso “derecho a pataleo”, pero al menos el que sufraga y alega lo hace con toda legitimidad.